viernes, 20 de noviembre de 2009

Bebé

-- ¡Viejo, el bebé está llorando!
-- Ve tú; la vez pasada me arrancó dos dedos.
-- Está bien.

La mamá lo cargó, lo arrulló y lo depositó nuevamente en la cuna.
En el silencio sepulcral de la noche, el bebé se salió de la cuna con gran agilidad. Una vez que había probado carne humana ya no deseaba conocer otro tipo de alimento.

Se deslizó por debajo de las cobijas y devoró lentamente a su presa de los pies hacia la cabeza. Cuando iba royéndole el cuello, el papá despertó todo adolorido y espantado.

-- ¡Mujer! ¡Haz algo! ¡El bebé! ¡El bebé! ¡El...!

Los bebés han cambiado es estos tiempos. Ya no son como éramos nosotros. Con las hormonas con las que se alimentan las madres modernas, han alterado los cuadros genéticos y los comportamientos que antes se veían. Además, la leche materna también sufre de alteraciones, mismas que son transmitidas al nuevo ser.


El bebé se cenó al papá. Le dio un besito a su mami en la mejilla y con sonrisa triunfal de ambos, regresó a su cuna a dormir plácidamente. Sin culpa alguna.



laj


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