domingo, 21 de febrero de 2010

¡Qué Susto!

Devoto como soy de mi religión, asisto como todas las noches después de trabajar a recibir caricias espirituales y a aprender a cómo asemejarme a alguno de los pastores que regularmente imparten sus amplísimos y vastos conocimientos del tema. Es increíble tantas cosas que saben. Apoyados en las Escrituras y en publicaciones anexadas de nuestra propia organización, pueden hablar sobre cualquier tema que venga en el programa, claro. No aceptan interrupciones y mucho menos interpelaciones con el fin de hacerles ver sus carencias enciclopédicas. En el transcurso del tiempo que han estado entre nosotros, no importando si sólo tienen la primaria como máximo nivel de estudios, pueden llegar a aspirar al máximo grado dentro de nuestra leal conglomeración humana. El nivel promedio de estudios de la gente que asiste con regularidad a este templo es de primero de secundaria. ¡N´ombre, el nivel es de primer mundo! Yo no los juzgo, al contrario, los admiro. Rabiosamente los admiro. Creo que ya no tengo la edad y el tiempo para ser como ellos. Píos, dueños de sí mismos, algunos con una retórica que no checa con su carita de ignorantes, efusivos  movimientos de manos y cabeza acompañan sus airados discursos; todos ellos enfocados a lo mismo: advertir sobre la devastación mundial. He visto que este es el bolillito del día a día. Las religiones subsisten como las armas nucleares y como los gobiernos: a base de miedo se sostienen en el poder. Con base en amenazas y terrorismo sutil, saben que pueden seguir viviendo de los fieles, de los votantes, del planeta.


En eso pensaba mi mentecita, cuando después de casi romperle la quijada dos veces a la señora de al lado, de dos cabezazos que se quedaron en el aire, decidí dormirme un ratito recargando mi cabeza en la pared. "Ahorita que están los anuncios", me dije. Por ahí oía la voz de un niño, que como a todos los infantes en esta confederación, deben hablar al público desde los cuatro años. Mientras más rápido comiencen en el arte de la oratoria, mejor será. Leía algo de visitas de la gente líder de la comunidad. Vienen de otro país. Eso es bueno porque nosotros como mexicanos le hacemos más caso a unas personas de cabello y ojos con color diferente al nuestro. Aparte, así, no nos pesa tanto soltar las limosnas o contribuciones como decimos nosotros. Aunque haya gente muy humilde--que es la que más hay aquí-- se les pide lo mismo que a los demás. Sé que habemos en esta comunidad muchísima gente sola. Gente deprimida viviendo eternamente en busca de la salvación eterna y olvidando el presente.A veces veo que habemos personas que lo hacemos a propósito. Yo busco llenar este feo vacío en el día con el hecho de ver gente, oir lecturas de cosas buenas, llenarme de energía positiva. Aunque nunca falta la gente llena de ponzoña y de envidia que cree que se va a salvar antes que la vecina. Es interesante observar cómo hay canibalismo humano disfrazado de piedad, de compasión, de mentira.


A mi me convenció un joven que con la mirada llena de fuego piadoso me recibió la primera noche que fui. Me recibió, casi con lágrimas, con la voz temblando: "¡bienvenido a la verdad!". Fue un momento maravilloso; extático. Me sentí santo. Este instante ha cambiado mi vida. Desde entonces asisto con mis compañeros de fe. Más me convencí porque después me platicaron que este pastor fue un ser despreciable y vil. Estuvo en drogas más de quince años y ha sido alcohólico desde los tres años de edad, estando en franca recuperación. Era chofer de transporte público. Me conmovió tanta sinceridad.


Soy un rebelde light. A veces paso a leer y cumplo con lo justo para no ser llamado a cuentas y contemporizo con la fraternidad. No me gusta que me cuestionen por qué no cumplo con mis obligaciones de miembro en este leal grupo.  Sé que a veces me paso al decir lo que pienso. Creo que estoy más mal yo en externar mi sentir que ellos en decirme que el Creador me va a castigar; o lo que es peor, los pastores. Mis dudas y resquemores vienen por cosas de las que me he enterado de estos supuestos serafines en la tierra. Sé que son tan pecadores y gañanes que cualquier hombre con una sana líbido. No digo lo que he visto, simplemente dudo luego pienso.


Al estar soñando y cavilando tan rico creí que había sido suficiente tanto y tan buen descanso. ¡Oh bendito Dios! ¿Qué vieron mis ojos? La nada. La oscuridad. El castigo divino tan anunciado por mis compañeros de grupo. El aire me faltó de tanta ansiedad en la que entré. Sudaba. Primero no me moví ni un ápice. Al no escuchar nada más que puras respiraciones en ese lúgubre instante, y no ver ya nada, absolutamente nada, me levanté de mi lugar a tientas. Me llevé las dos manos al cuello buscando aire para respirar y entonces sí grité como gritan los hombres: ¡Ayúdenme! ¡Estoy ciego! ¡Los designios sagrados se han cumplido sobre mí! ¡Tuvieron toda la razón! ¡No vuelvo a cuestionar nada de nuestra sagrada institución! ¡No vuelvo a dudar del Creador! 


¡Puc! Se hizo la luz. O mejor dicho, regresó. La gente que me conocía como un pequeño diablillo, se rió más que todos los demás. Ingratos. Burlones.


Ahora soy budista-mujaydin.



laj

lunes, 8 de febrero de 2010

Apicultor Enamorado

Una idea loca me ha seguido desde que despìerto hasta que me duermo. Sé que no es normal pensar algo así. Siento un poco de culpa, pero no mucha. Todo, dice mi psiquiatra, se originó en mi cerebro por una insuficiencia de oxígeno al momento de mi nacimiento y por mi forma de ser tan obsesivo. No es algo que sea incapacitante o que sea notado por los demás. Puedo vivir con esto diariamente. El problema surge cuando veo a la causante de mis estrujantes reacciones.

He sido hasta la fecha un apicultor consagrado a mi trabajo diario. Mi vida han sido las abejas. Su cuidado, reproducción y seguimiento me han llevado más de cuarenta años de mi vida. He sido parte de ellas y ellas son para mi todo lo que soy. No me imagino en algún otro trabajo. Me despierto pensando en ellas y me duermo con ellas en mi mente. Pero hay una especialmente que me trae como adolescente enamorado. ¡Sí, enamorado! Es un lindo ejemplar de abeja hembra de unos dos meses de edad, que para ellas ya es una abeja adulta, tiene nariz respingada, ojos profundos y claros, senos pequeños pero picuditos y una cadera excepcional. Ahhh, qué bella es. No puedo evitar pensar todo el día en ella. Cada que muevo la colmena del árbol donde vive al laboratorio para alimentarlas y estudiarlas, he notado como que me echa ojitos. Sé que le gusto. Ninguno se ha atrevido a dar el primer paso. Creo que por tener el nivel más alto entre los dos, debo ser el que haga el primer movimiento. La he tomado entre mis manos y no hay dicha más grande que ver a los ojos del ser amado sea quien sea; esté como esté. Se ve que no aceptaría tener sexo antes del matrimonio. Su mirada es de una mujer comprometida. Estoy pensando cómo pedirle que se case conmigo. Mi deseo por ella es interminable. Y lo que diga la gente me importa un comino. Ya me la imagino la noche de bodas encueradita... ¡¡¡Oh, baby!!!



laj
















viernes, 5 de febrero de 2010

Mecánica Corporal

Lo que a continuación relataré no tiene hasta la fecha una explicación coherente y lógica; ni siquiera médica.
Es un tema que sigue en estudio. No saben los científicos exactamente qué pudo haber pasado  mentalmente con nuestro trabajador que enloqueció y huyó de aquí. Nos preocupa por si algún día, que Dios no lo quiera, vuelve a repetirse algo tan espantosamente escalofríante.


Soy el responsable del Centro Médico Forense de esta comunidad. Como buen médico decido contratar a gente de gran carácter que no le tiene miedo a recoger cadáveres en todo tipo de circunstancias. Los hay aquellos que tienen que, prácticamente recogerlos con pala por las circunstancias tan tremendas de sus fallecimientos. Los cuerpos de gente muerta que más trabajo nos han dado son los que quedan hechos cachos adentro de los trailers que se accidentan en el paso de la carretera. Los fuertes remolinos de viento que se forman entre las dos montañas que vigilan el camino de los autotransportes que van y vienen, hacen que muchos camiones, autos y demás, se volteen con la pura fuerza del aire que sopla a una velocidad insospechada.  Las rectas con las que cuenta el camino son traicioneras. Invitan a la velocidad.
También han afectado los torturados. La gente del crimen organizado no se anda con cosas al matar a sus enemigos, primero les dan un escarmiento tortuoso y después los asesinan. Se dice que estos cuerpos nunca alcanzan la paz en este mundo. A pesar de que tengan cristiana sepultura, siempre retienen bilis, deseos de venganza, ganas de llorar, anhelos de libertad, afán de arrepentimiento y muchas otras cosas más que  se reflejan aún cuando su corazón ha dejado de latir y su cerebro de funcionar.
Hemos visto en la plancha de necropsias casos inauditos, como a un señor que llevaba dos días de muerto, cómo le empezaron a salir lágrimas cuando le di la primera cuchillada en su pecho de piel ya blanca que se empezaba a descomponer. Fue algo raro. Una señorita de unos diecinueve años de edad con tiempo estimado de muerte de unos cuatro días y medio, casi al terminar de coserle su cuerpo para cerrarlo, emitió un claro gemido de dolor. Se dice que era secuestradora. Así han pasado casos que nosotros como gente de ciencia no podemos darle más difusión de la que debe tener. Debemos tener discreción. Recuerdo mucho un señor que llegó sin cabeza a la plancha. La cabeza no ha sido encontrada desde hace seis años y al cuerpo le hicimos la necropsia de ley. Antes de empezar siquiera a lavarlo, el finado levantó la mano izquierda como para rascarse la cabeza. Así. Es justo como pasó lo que les estoy contando. Al no hallar nada se le desplomó la mano y procedimos a cortarlo. No fuera que se le ocurriera hacer otro movimiento inesperado.


Lo que si fue una real broma de la naturaleza fue lo que sucedió con nuestro empleado que acabábamos de contratar hacía apenas unos cuatro meses, Eufrosino. Recio hombre de la sierra guerrerense, quien a todas luces lucía como un ser humano cabal, fuerte, de mirada recia y de músculos labrados al amparo de los sembradíos de Tierra Caliente, su lugar de nacimiento. Estábamos el Dr. Montesinos, El practicante Nuñez, el matacuaz Ramírez y su servidor. Antes de echar un cadáver a la plancha hay que limpiarlo con una manguera con agua a presión, labor de la cual se encargaba este muchacho recién llegado. Estaba en los suyo y nosotros cuatro, platicábamos distraídos, esperando a que Eufrosino empezara su labor y lo veíamos a lo lejos desde la cocineta con la que contamos en el centro de salud, en la salita que está al lado de los baños. Ahí estaba con tapabocas el moreno del sur, cuando entre todos vimos algo que hasta la fecha lo habíamos decidido ocultar. No hemos podido dormir a gusto desde ese funesto día. Nuestro empleado procedió a rociarle agua al cadáver de un hombre que murió asesinado de dieciséis balazos y todo era normalidad. Todo iba bien. Eufrosino irradiaba alegría. Esa alegría que da el quehacer diario. La actividad que provoca remuneración económica. El enaltecimiento del ser. En esas estaba cuando al mojarle la cabeza al ser inerte y aún sangrante, éste se levantó de la plancha, subiendo el torso 90 grados. Dijo algo como: ¡Ay, güey! ¡Esa agua está bien pinche fría! ¿¡Me quieres matar, o qué!? Y así se quedó, en un gesto de rigoris mortis que no pudo ser enderezado nuevamente. El ataúd tuvo que ser hecho especialmente para enterrarlo en la extrañísima forma en la que quedó. La necropsia se hizo como dictan los ordenamientos legales del Estado.
Eufrosino palideció y la mandíbula se le cayó hasta la altura del pecho, un temblor interminable lo atacó y hasta vimos cómo se hizo pipí en los pantalones. Sin decir adiós abrió los ojos espantadísimo y salió corriendo a todo vapor de ahí, exclamando un alarido lastimero que aseguraba su no retorno. 

Todos los demás seguimos trabajando ahí. Siguen pasando cosas, mismas que no les damos ninguna difusión. Todo se queda entre nosotros. La semana pasada una muerta me propuso tener sexo detrás de la puerta del baño y se volvió a dormir.

Lo de nuestro ex empleado de Guerrero sí lo dimos a conocer porque es necesario que eso se sepa. Pocos medios le dieron seguimiento. Por cierto, una investigación a través de satélite, nos ha confirmado que lo vieron por última vez en Togo, Africa corriendo despavorido por la avenida principal de la ciudad espantando a la gente que no sabe su desgracia.



laj

miércoles, 3 de febrero de 2010

Ambición Válida

Nunca me ha gustado el barrio de la Merced, aunque yo trabajo ahí. Vendo elotes en la esquina de Correo Mayor e Izazaga. Vivo en Ciudad Nezahualcóyotl, pero un vecino mío, que trabaja en el gobierno del Distrito Federal, me ha conseguido ese lugar para poner mi puestecito y ayudarme. A pesar de mi difícil situación económica le sé muy bien a las computadoras. Me gusta mucho usar las redes sociales Twitter, Facebook, Hi5,  para intercambiar puntos de vista y hacerle preguntas a gente importante y a famosos y a otros no tanto. Hay de todo, desde los periodistas en todas sus ramas, quienes son a los que más sigo, hasta las fresitas que se meten a perder el tiempo dejando mensajes como:"comiendo dona de azúcar con X". ¡Je, je! ¡Qué pendejadas!

Todo el día trabajo. Una vez que acabo de vender mi rica mercancía me paso al café internet que está enfrente a mi negocio. Sobre Izazaga, cerca de cien señoritas se ponen a  trabajar a eso de las seis de la tarde y hasta quién sabe qué horas de la noche.

Desde que mi cuate influyente me ayudó a poner mi puesto, hace  unos ocho meses, diariamente veo a una flaquita bien linda con la que ya he entablado una relación sentimental muy especial. Me cae bien, me gusta. Se me hace una mujer muy atractiva y aparte tiene veinticuatro añitos bien distribuidos. Los primeros días  le confesaba, me ponía celosísimo que entre diez y quince hombres de todos los tamaños hicieran uso de sus servicios las cuatro horas que diariamente se paraba sobre Izazaga. Su mirada triste, la historia de su vida y sus dos hijos de los que siempre me habla y de los que trae fotos en su bolsa, me conquistaron. Se llama Eduviges. Viene de Guerrero y dice que se tuvo que dedicar a este rudo oficio porque su papá le pegaba y su marido, también y porque no sabe hacer otra cosa. Huyó a la capital con sus dos hijitos de dos y tres años.
A mi siempre me ha gustado que las mujeres sean autosuficientes, que se desarrollen en su campo profesional a todo lo que dé su capacidad. Entre cliente y cliente le regalaba un vasito de esquites, un elote con mayonesa, queso y chile piquín; o a veces le llevaba su refresquito. Eso le atrajo de mi. Sabía que mi cariño era sincero, sin mancha alguna. No le cuestiono lo que pasa adentro y ella nunca me cuenta. No soy curioso. Yo realmente estoy enamorándome cada día más y más de ella.¡Ay, Eduviges! ¡Qué padre encontrarte en mi vida!

Me fascina la forma como se para contra la pared de los baños Ramiro. Se recarga con una seriedad digna de una diosa griega. Con su mirada busca la mirada de los probables clientes. Los reta, los invita. Los seduce. Para cuestiones laborales, se llama Wendy. Dice que eso le da más realce y categoría ante sus amigas y atrae más a los ávidos hombres que buscan invertir un poco de dinero en mucho placer. Los atrae, los excita. Tiene fama de brava.
Todas las noches espero que acabe su rutina y la acompaño a su casa. Aún no le pido matrimonio porque sé que tengo que juntar un buen dinerito para rentar cerca del barrio de la Merced. Así, a los dos nos quedaría muy bien vivir cerca de nuestro lugar de trabajo. He leído que sólo se es feliz si uno ama lo que hace. Mi vida es vender los elotes que adquiero tempranito en la Central de Abasto y que llevo a Izazaga. Pasear por Internet. Ella dice que ama lo que hace. Que en su labor diaria no involucra sentimientos y eso la hace sentir feliz. Toma su trabajo como una forma de alcanzar la paz interior. Estoy dispuesto a mantener a sus dos hijos y a su mami, Roberta, que los cuida en un cuartito por Tacubaya donde viven. 

Pensamos tener dos hijos y criarlos en el más estricto mundo de valores con una religión buena.
¡Oh, Dios mío! ¡Gracias por hacer que a mi vida llegara la felicidad!



laj






























 
































 

viernes, 29 de enero de 2010

Peso

Estaba cargando a mi chica que conquisté en el parque el pasado fin de semana, cuando sentí un crac horrible en la parte baja de mi espalda, que se expandió hasta el talón izquierdo y de ahí rebotó hasta la nuca. ¡Aaaayyy!  Grité y la solté poco antes de llegar a la cama. Su hombro izquierdo y su cabeza pegaron en la esquina del buró y se desmayó por unos minutos. Ya no pude enderezarme y el esfuerzo provocó en mi cuerpo una reacción senil con la que no contaba. Mi ropa interior quedó manchada. 

Ella abrió los ojos, se incorporó con lentitud y se vistió en silencio. Al ver mi posición y la situación de consecuencias corporales que me provocó el grandioso y heroico hecho de cargarla, se rió de mi. ¡Qué bueno! ¡Cochino, cagón! ¡Débil! ¡Poco hombre! Azotó la puerta y salió a toda prisa.

Estando ya solo  no pude ni acostarme. Así duré dos días de pie y sin siquiera poder hablar del dolor que sentía, hasta que los bomberos llegaron alertados por el portero del edificio, ya que los vecinos se habían quejado de que un olor nauseabundo, como a muerto, salía de mi departamento. ¡Era lógico! No podía moverme y mis necesidades fisiológicas dejaba que fluyeran de mi cuerpo a la alfombra, directamente. El Heroico Cuerpo de Bomberos limpió el lugar, me rescataron dándome un masajito en mi espalda y me reconvinieron de no cargar personas más pesadas que yo. Peso 100 kilos de puro músculo.



laj

jueves, 28 de enero de 2010

Maldad

Desde hace más de ocho años y por la naturaleza de mi mismo trabajo soy paracaidista de tiempo completo. Comencé en el ejército. Me estaban adiestrando para ir a una de las guerras en Medio Oriente, sólo que en un salto me lesioné el cuello y eso impidió que me mandaran al frente de batalla. A las fuerzas armadas ya las dejé y desde entonces me dedico de tiempo completo a ser instructor de paracaídas cerca de Valle de Bravo. En la avioneta en la que practicamos los saltos mis colegas y yo cuando no tenemos visitas o clientes, se sabe que hay una niñita de unos siete años que se nos aparece en pleno salto. Es como una ilusión óptica o como un ángel que nos acompaña en cada salto que hacemos. Ernesto, dice que ya la ha visto unas veinte veces. Joaquín, que es el más serio de todos y quien inició con este gran grupo que somos hace unos cinco años, me ha confesado que cuando la nena se le aparece cayendo a su lado, dice que no puede dejar de sentir miedo. Se destaca por su valentía, pero él sí está convencido de que la figurita infantil que ve a veces en algunos de sus saltos, lo pone mal. Silvia, que es una osada joven veinteañera, amiga de Joaquín, dice que también ve a la criaturita en una de cada tres o cuatro saltos que da. Nos cuenta que la infante va platicando con ella y deshoja una margarita mientras va hacia abajo a toda velocidad. Lo malo es que no escucha a la niñita. Ella no le da miedo que le salga la nena. Quisiera poder escucharla porque dice que tiene una mirada de emoción, como todos los que practicamos estas caídas con paracaídas.

A mi, debo ser sincero, me da un pavor enorme estarla viendo desde la misma avioneta. Es una niña de menos de diez años con un vestidito amarillo con florecitas rojas. Cuando vamos haciendo ejercicios previos en el piso de la avioneta, ella está ahí con su carita sonriente y animada porque se siente parte del grupo. No  hemos podido hablar de ella abiertamente, pero pronto lo haremos para que la hagamos nuestra amiga y en algún salto no vaya a jugarnos chueco jalándonos una cuerda o evitarnos abrir el paracaídas. La niña, viéndola bien, tiene una extraña mirada de maldad que sólo yo he podido detectar. Me da miedo platicarles esto a mis compañeros. Sé que no es algo de lo que nos debamos preocupar, pero lo que no me explico es por qué apareció muerto ayer por la mañana nuestro piloto de planta, Mauricio. Sentado en el lugar del piloto y aún teniendo el cinturón de seguridad puesto, reposaba a su lado una muñeca vieja, con un trapito rojo con amarillo y una extraña nota que escita con lápiz decía: lero-lero.

No creo en fantasmas, pero esto está tomando un sentido tétrico. Este pequeño testimonio lo estoy escribiendo en la parte trasera de mi auto la mañana siguiente a la muerte de nuestro amigo. Empieza a hacer mal clima, creo que hoy no nos vamos a aventar. La policía viene en camino y revisará todo lo que ha pasado y deslindar responsabilidades. ¡Un momento! ¡Estoy viendo que de una ventanilla y luego otra y otra ventanilla de la avioneta aparecen caritas de muñecas con expresión de burla! Mis amigos vienen hacia mí. No fui el único en ver eso. Me comentan lo mismo. Hemos decidido hacer algo. Saltaremos juntos y llevaremos un amigo que le hace a la magia blanca y en pleno aire hará el intento de zafarnos de ese fantasmita.

Al día siguiente hacía un sol esplendoroso. Alrededor de las siete de la mañana nos juntamos, subimos a la avioneta y un nuevo piloto nos llevó al aire. Saltamos todos unidos agarrados de las manos haciendo casi un círculo en el aire, el brujo comenzó a hacer lo suyo. La niñita se apareció entre Silvia y yo. Silvia me apretó la mano y sonreía contenta. Cuando la niñita espectral me volteó a ver me miró con un odio inusitado, pavoroso. Del susto me solté del grupo y no pude abrir mi paracaídas. A Ernesto una ráfaga de aire lo arrastró hacia atrás de un banco de nubes nimbus y a Joaquín ya no lo vi. Yo caía preocupadísimo porque mi paracaídas de reserva se había atorado. El aire maltrataba mi cara y mi cuerpo iba cayendo descompuesto. El amigo que llevamos a la desventura, Mario, había estudiado para brujo de magia blanca en una universidad de Veracruz, se deshizo en pedazos en el aire. 

Casi al llegar al suelo a estrellarme, alcancé a voltear hacia arriba. Silvia caía con su paracaídas ya abierto, con cara de maldad y en su espalda venía la escuincla fantasmagórica, riéndose a todo pulmón disfrutando de los paisajes que le ofrecía el lugar privilegiado del que gozaba, deshojando una margarita de hojas muy amarillas.



laj



 
































martes, 19 de enero de 2010

La Rata Jija

Dicen en la colonia que en las tazas de los baños aparece furtivamente una rata anfibia, es decir, puede y le gusta vivir no sólo en la tierra sino también en el agua. Se sabe que es el fallido experimento de un laboratorio de médicos extranjeros que se llegó a colocar en las afueras del mismo barrio hace ya casi un año.

Las personas que se han visto cara a cara con este animal, dicen que tiene una mirada de cierta ternura, que viéndola con atención, puede hasta pasar como unos ojos de incomprensión. Sabemos por experiencia que este roedor es voraz omnívoro. Comen paredes, pedazos de hule, antenas, metales y todo lo que se les interponga para llegar a su objetivo, que generalmente es algún alimento. No dudan en  comerse a sus mismas crías o a las de las rivales. Pueden cometer canibalismo con ratas aun más grandes que ellas. Todo depende qué tan amenazadas se sientan.

Esta rata aparece adentro de las tazas del excusado una vez que el usuario se dispone a depositar en la misma los sobrantes de su cuerpo. Justo cuando se levanta la tapa y se ve para abajo, sale de forma impevista la rata y según algunos científicos, nomás asoma su cara cachetona y de hocico afilado para divertirse. Exactamente: ¡para divertirse!  En los experimentos que le estaban haciendo antes de que se fugara una noche  en la que el doctor Smith se descuidó y se le fue por la mismísima puerta principal, se desprende el siguiente informe.

"Este animal de unos 600 gramos de peso, color negro azabache con un lunar blanco alrededor del ojo izquierdo y cola, la mitad rosa y pelona y la otra mitad negra y peluda, ha sido creada con inseminación artificial al útero de su madre; una rata que ha ganado torneos de raza y casta a nivel internacional .Se ha conseguido inocularle espermatozoides de un macho rata ya grande, de unos doce años de edad, semental nato. Ha estado también en campeonatos y ha ganado la gran mayoría de las veces que se le presenta en ese tipo de torneos. Tiene buen origen esta rata en cuestión. El papá es un hermoso especimen gris con motas negras, tiene una alzada de primera categoría y una mirada que hipnotiza. Todo un campeón.

"De octubre a la fecha, se le ha inyectado hormonas de mico camerunés, dopamina humana y una dosis fuerte de heroína con cocaína líquida diariamente. Esto hará que este animal en su cerebro se obstruya el sitio  donde se genera la agresión y en su lugar, sólo se produzca la hormona de la felicidad. O sea que la rata buscará divertirse antes que cometer alguna agresión que no sea comer a sus horas.

"Este es un experimento muiy delicado porque al estar suministrando al roedor sustancias tan peligrosas y delicadas a la vez, puede ser cancerígeno para ella; la estamos volviendo casi una rata-humana.; y lo que es peor: una rata burlona. En efecto, nuestros estudios están encaminados a hacer que los animales no sigan pasando por este mundo nada más viviendo sino viviendo bien, sonriendo, riéndose y siendo felices. Así como se lee. Así como se oye. Queremos hacer historia. Somos muy exigentes con nosotros mismos y queremos todos los premios del mundo, de todas las universidades respetables, de todas las asociaciones de investigación científica. Esto revolucionará al mundo. Y esta rata es sólo el comienzo. Mundo prepárate".

Esto es lo que decía el informe encontrado en los archivos de esta institución.

Lamentablemente para estos facultativos la rata escapó. Aún el doctor que estaba de guardia la vio y esta volteó a ver la reacción del doctor Smith. La rata, jura el doctor, hizo una mueca y movió la cabeza de un lado a otro, saliendo disparada alegremente a las alcantarillas de la calle donde está el laboratorio.

Cuentan testigos que este travieso animalito peludo oye las puertas de los baños cuando se abren y busca la ruta más rápida para alcanzar su posición de ataque. Aunque como ya se ha dicho, lo único que hace es asomar su cabeza en el mismo instante en que la gente alza las tapas de sus baños para disfrutar de sus caras  asustadas y salir nadando fuera de ahí muriéndose de la risa. Je, je. ¿Como será una rata carcajeándose?

Los médicos quieren recuperar a este diamante pulido para hacerse multimillonarios. Saben que lo pueden lograr. El único detalle es que la ratita risueña se la pasa espantando a la gente en sus casas que decentemente quiere hacer caca  y no pienso que quiera regresar porque se pega unas divertidas bárbaras.



laj


















Valores Familiares

--¡Papi, papi! ¿Qué es joint venture? ¿Blue chip? ¿Due dilligence?

--Hijo, no sé. No dejes de mover tu trapo que las gorditas se llenan de moscas. ¡Eso sí es importante!



laj

Desilusión


Me entregué a ti y de nada sirvió. No te quisiste casar conmigo. Me habías dicho que si nuestro amoroso cariño crecía día tras día, lo más probable sería que dejaras a tu esposa y dos hijos y te vendrías a mi lado a hacer una vida como pareja feliz. Por eso cedí. Por eso mi cuerpo languideció ante tu vigoroso empuje. Dejé que me amaras todas las veces que quisiste. Fui prácticamente un objeto de tu uso y de tus burlas. Me veías cuando querías. Estaba a expensas de lo que necesitaras y era tu más fiel servidora. Sólo era para ti. Me conformaba con migajitas de tu afecto. Por eso tantas cosas de las que no me arrepiento. Por eso todo.

Siendo una connotada psiquiatra con estudios de especialidades en el extranjero, y hablando a la perfección seis idiomas, me enamoraste locamente cuando todas las mañanas pasabas en tu bicicleta vendiendo churros frente a la casa.

Lo bueno es que mis hijos me visitan la próxima semana y ya no te veré más. Me iré con ellos de vuelta a Londres. Necesito la brisa calmada del Támesis. Ya no quiero vivir en esta ciudad contaminada, llena de gente y con tantos problemas. Ya no aguanto más este corazón destrozado.



laj







jueves, 14 de enero de 2010

Un Hombre Respetable...

De pequeño quería ser bombero o, quizás policía. A los siete años no se tiene una idea definida de lo que uno quiere hacer con su vida. Fui creciendo y después, víctima de películas y programas de televisión, daba todo por ser piloto aviador. Veía que el uniforme y ese andar garboso era algo que causaba un impacto fuerte en la población femenina. En especial a las aeromozas. Hace algunos años --veinte-- ellas eran bien reclutadas. Mujeres de caritas hermosas y cuerpos majestuosos lo atendían a uno en los aviones. Eran mi máximo cuando era pre-adolescente. No soportaba ver a una de ellas en vivo y soñar con sus besos, sus caricias.

En mi crecimiento tuve que ver las películas mexicanas, sobre todo las de Pedro Infante. En búsqueda de quedar bien con las mujeres, traté de imitarlo tanto como pude. Intentaba hablar como él. Cantar igual. Dejarme el bigotito de globero Hacer las mismas gracias que hacía, sin éxito alguno. Y es normal, pues yo contaba con sólo trece años. Y no era como él en nada.

En el cine mexicano también me encontré con las películas de encueradas. ¡Chin! ¡Esa fue mi perdición! Aún en estos días sigo pensando por qué no me dediqué a ser actor de cine de este tipo de películas. Abrazar a estas muñecas, besarlas, hacer escenas de cama...mmm, ¡ajúa!

El Savoy, Teresa, Nacional, Colonial y algunos cines más donde pasaba mis horas de clase, hicieron de mi un demonio de la lujuria. No podía dejar de pensar todo el día en Angélica Chaín, Sasha Montenegro, Isela Vega, Maribel Guardia, Carmen Salinas (¡!). ¡Oh qué felicidad! No hacía la tarea porque mi mente y visiones estaban dirigidas sólo en ellas. Soñaba con estas mujeres hermosas de día y de noche. Estuve enamorado. A mi nadie me puede decir que no he vivido. ¡He estado enamorado!

Para colmo tenía un amigo que cada jueves nos invitaba a toda la palomilla a ir al cine a ver los estrenos de todas las películas de su tipo, ¡gratis!

Yo quise ser como Jorge Rivero o Andrés García. En esos tiempos los envidiaba a los dos personajes por suertudos. Me imaginaba a qué olían las actrices de entonces. Sus besos, sus manos, sus caderas, sus sus...

Y mientras la vida pasaba

Cuando mis familiares me preguntaban qué iba a estudiar yo no dudaba ni un segundo: actor de cine porno mexicano. Por algún buen motivo mi mente ya no recuerda las risitas y burlas que seguían a mi comentario.
"Al fin para eso creo que ni se estudia, sólo hay que seguir órdenes", pensaba yo seguro de mis ideas.

Viendo mis padres que ya estaba todo desbalagado y casi casi idiota de tanto sexo sin pareja, decidieron darme un consejo que hasta la fecha me lacera los oídos: estudia algo para que algún día seas alguien.
¡Achis! ¿Pues que no soy alguien? Pensaba mi cabecita loca. Y se soltaron dándome opciones: estudia para pescador en un barco tiburonero, ganan bien. Sé contador, esos ganan que no veas de lana. ¿Por qué no le entras a ser vendedor de filtros? Ganan súper y viajan mucho. Los domadores de tigres son de las profesiones mejor pagadas. Eso puedes estudiar. Un pintor y resanador de monumentos es de lo más respetado por el sueldazo y admiración que reciben de la gente, mijo.

¡Orale! Siguieron así como durante seis horas más. Ya no los escuché. Decidí guiarme por mi indestructible y anormal instinto nómada. Tomé la decisión de no estudiar y me fui a probar suerte de cargador a la Central de Abasto. He hecho mi dinerito.Ando con tres morritas a la vez..Ahora vendo tamales bien sabrosos y ruleteo una micro, el dinero no me falta; pues al fin y al cabo a mi me interesa ser un hombre respetable y tener chamacas de a montón.



laj

viernes, 8 de enero de 2010

Tolerantes

Estando con una amiga, recalcitrante vegetariana, me condenaba ásperamente.

-- ¡Eres anormal! ¡Lo que acabas de hacer no aparece en la naturaleza como algo sano! ¡Cometiste el pecado de la carne! ¡Eso es demencia animal!

De sus ojos salían rayos y de su boca espuma. Temblaba de enojo y comenzaba a sudar.

-- ¡Y qué! No tiene nada de malo ser cariñoso con los animalitos. ¡Me comí ese pedazo de vaquita en esta riquísima hamburguesa, aderezada con mucha catsup!

-- ¡Animal! -- Me apabulló.



laj

jueves, 7 de enero de 2010

Convivencia con Tolerancia

Estando a punto del clinch, mi nueva novia me dijo con cierto misterio:

-- Espero no te enojes. Tengo los pezones de mandril.

-- ¿Peludos? Pregunté abrumado.

-- No. Rosas y largos, largos. ¡Como popotes!



laj

jueves, 31 de diciembre de 2009

¡Zas!

La joven cantante del bar en el que estaba con un grupo de amigos me veía canción tras canción, insistentemente. Sólo me miraba a mi. Me veía con extraña dulzura, sin quitarme sus bellos ojazos de encima. Esto lo notaron todos mis amigos y el bar completo. Saben de mi debilidad por las mujeres. De mi facilidad para ligar.

Cuando estábamos pagando la cuenta y despidiéndonos entre nosotros, el mesero me hizo llegar una servilleta con un recado de la vocalista que decía: "Papá, al fin, después de catorce años buscándote te he encontrado aquí. Regresa a casa. Mamá, los gemelos, tu hijo Silvino y yo te seguimos esperando. Con amor de hija, Andrea, tu ojitos bonitos".



laj

miércoles, 30 de diciembre de 2009

Rosy La Chica del Aliento Espantoso (Basado en un Hecho de la Vida Real)


Este es el relato de una chica de dieciséis años llamada Rosa, de cariño Rosy, que vivía muy contenta y feliz con sus padres y dos hermanos menores, uno de siete años y otro de cinco; Pedro y Pablo, respectivamente.

Rosy era muy bonita y eso no se lo decía su espejo, sino las miradas de todos los chicos de la escuela y los de la calle. Era de pelo negro y largo, no muy alta y de complexión regular, con un lunar pequeño un poco arriba de las pobladas cejas.Era de carácter alegre, fiestera y muy popular entre la comunidad estudiantil. No había reunión social en la que no participara amenamente y a la que no fuera invitada. ¡Era un torbellino!

Pero un día Rosy se enamoró y ahí cambió toda su vida. Empezó a dejar de comer, a dejar de hacer sus tareas , a dejar de dormir y a ponerse extraña y de mal carácter. Su actitud hacia los demás había cambiado mucho. En la escuela sus amistades lo notaron y en su casa también.

Guillermo, Willy de cariño, era el indirecto responsable de todos los malews de la bella Rosy. Era un muchacho alto, muy fornido de nacimiento y muy apuesto, que gozaba de gran fama entre las chicas del colegio. Gran figura deportiva de la escuela. Tenía dos años más que ella.

Extrañamente, en vez de que Rosy se preocupara más por su apariencia personal, no; fue absolutamente todo lo contrario. Dejó de ir algunos días a la escuela y se retiró de las actividades a las que estaba acostumbrada y todo aquello que tuviera que ver con la gente. Rosy poco a poco se fue haciendo triste y muy callada; tamto, que casi nadie la reconocía. A Willy no lo iba a ver, ni él a ella. El la empezaba a odiar en silencio.

¿Por qué Rosy ya no andaba de arriba para abajo como solía hacerlo? ¿Por qué se resguardaba en su cuarto y ya no había poder humano capaz de hacerla salir? ¿Por qué Rosy había cambiado? ... Aquí está la respuesta:

Cuando uno es joven y se enamora , el cuerpo sufre una serie de cambios inimaginables de manera orgánica-hormonal, que repercute en reacciones tales como: abundantes cantidades de grasa en la piel, palpitaciones, sudor incesante en manos, pies y ombligo, ojos saltones, etc. Pero Rosy había hallado un cambio extra que no podía soportar, era increíble que algo así le pasara a ella; creía que estas cosas sólo les pasaban a los demás; era algo terrible y no se explicaba el por qué. El punto medular es que Rosy... ¡tenía mal aliento!

Paulatinamente su familia se iba dando cuenta del temible olor a fetidez que salía de su boquita en forma de corazón. Su mamá no se le acercaba mucho y su papá procuraba establecer conversación con ella a una distancia razonable

¿Qué hacer? Pensó Rosy al borde del colapso nervioso. ¿Cómo solucionar esta situación?

Presa de una desesperación absoluta recorrió todas las tiendas buscando algo más que unos dulces de menta, quería algo mágico, algo que acabara con su aroma de una sola vez, algo en qué confiar.

Al no tener mucha suerte en su búsqueda, decidió ir a visitar a cuanto doctor conocía y se encontraba en el directorio telefónico, hasta que llegó con un halitólogo (especialista en el mal aliento), quien le dio en una sola visita la causa de su mal y el remedio.

Usted nunca se ha lavado los dientes desde pequeña y además, es muy natural que al ser joven y estar enamorada, su hígado secrete sustancias de desechos, lo que por consiguiente provoca ese espantoso y agresivo aliento que usted lleva y trae a todos lados, acabó diciendo el facultativo de manera magistral y levantando la ceja derecha.

A Rosy le brillaban los ojitos. Había llegado al fin el día de su cura. A ella nunca  le habían dicho en su casa que los dientes se debían lavar, nunca. Después de agradecer al médico, salió como alma que lleva el diablo, con dirección a su casa. Sus hermanitos la vieron venir a lo lejos y huyeron rápidamente, para esconderse detrás de un enorme árbol de nísperos.

Como nunca en su vida lo había  hecho, Rosy comenzó a lavarse los dientes compulsivamente, no tres veces al día como se lo había recomendado el doctor, sino... ¡treinta y siete!

Willy, quien ya había sentido los estragos del aliento infame de su novia, había permanecido oculto en su casa durante dos semanas para no encontrarse con el descompuesto olor que Rosy guardaba en su boca. Iba caminando por la calle, con rumbo a casa de su novia, decidido a terminar con ella; cuando providencialmente se la topó justo a la mitad del camino, abajo de un frondoso árbol de duraznos, que meneaba sus hojas al compás del apacible viento. Antes de que Willy se atreviera a decir algo, se aventó hacia él y colocó sus brazos alrededor de su cuello , para decirle melosa: "¿dónde te habías metido, bombón?". Willy jaló aire y aguantó la respiración desde el mismísimo instante en que su zorrillesca novia se le abalanzaba a toda velocidad, pero no resistió mucho y sacó el poco aire contenido en sus pulmones. Mas al percibir un agradable aroma a eucalipto mentolado que provenía directamente de las fauces de su Rosy, su cara se volvió a iluminar y comenzó a besarla de manera excesivamente amorosa. Ella se dejaba querer.

Rosy volvió a ser la misma y recuperó a todas sus amistades, incluyendo a su familia y a Willy, su novio. Desde ese día Rosy ha adelgazado bastante, pues por estar preocupada en lavarse los dientes tantas veces al día, hay ocasiones en las que se le olvida comer; pero aún así, vive muy feliz en compañía de los seres que la quieren, a pesar de que todavía su aliento deja mucho que desear.



laj


lunes, 28 de diciembre de 2009

Ganoso

La señora de la tienda anda de enamorada con mi abuelito. Se dan besos  en las noches atrás de la escuela primaria. Aprovechan que está bien solo por ahí y pícaramente hacen de las suyas. Mi abue sale de la casa a las nueve todas las noches diciendo que va por unos cigarros. Regresa diariamente como a las diez y media lleno de una tranquilidad fabulosa. ¡Ah, qué mi abue! Un tren de vida como el suyo le puede hacer daño a su corazón.

Siempre agarra su andadera  con la velocidad que aún le permiten sus 94 años y va a sus encuentros furtivos con su amada de 22, con seis hijos a cuestas. Lo bueno que mi viejito ya le puso las cosas claras a su novia. No quiere echarse compromisos que no pueda cumplir. En caso de llegar a formalizar la relación, él no cuidaría niños ni se iría a la tienda a atenderla. ¡Es un calavera!



laj

Madurez

Fueron años que nos vimos, nos conocimos y supimos el uno del otro. Tu mirada a través de mi no se me olvida. Era pura dulzura. Cada instante que compartimos ha quedado guardado en mi memoria; en mi disco duro. Añoro eso. Recuerdos. Momentos. Partes importantes de mi vida. Cero mentiras. 100% amor. Dedicación. Abnegación. Hablar del futuro.

Todo era bello hasta que dejé de ser bebé.



laj

martes, 22 de diciembre de 2009

En Busca de la Inteligencia

Gracias a que le hice caso a mi comadre Charito, mandé a mi hijo Eulalio a que le inyectaran células madre de delfín para que se hiciera más inteligente, o se le quitara un poco lo menso. Me lo platicó con tanta vehemencia y con lágrimas en los ojos, que no dudé ni un segundo en enviar a mijo a probar ese método.

Soy una señora sola que vende tlacoyos de haba y de papita afuera de la casa para ganarse la vida. Mi viejo, como muchos mexicanos desobligados, una vez que se dan cuenta que tienen que trabajar para sacar adelante a su familia, huyó hace muchos años, el muy ojete. Y desde entonces salgo adelante con los gastos a fuerza de estar trabajando diario. Mi hijo está medio tarado. Cuando lo mando a la tienda por pan me trae azúcar. Y cuando le pido jamón, el muy distraído llega con fab. A simple vista esto parecería ser una situación sin importancia, pero ya tiene 40 años. Queriéndole ayudar he tomado la fuerte decisión de mandarlo a un poblado llamado San Juan de los Murciélagos, donde mi comadre me ha platicado que gente que llega con cara de bobos, miradas perdidas, salen rozagantes y con un brillo en los ojos como si hubieran estudiado muchos años y en las mejores universidades del país. De hecho, ella mandó a su hijito Cicerón, que se le salía la baba todo el día y ha repetido sexto de primaria ocho veces.

El método es sencillo, el doctor, bueno, la persona que está ahí, que a juzgar por las ropas que usa, parece que es leñador, le pone una inyección en cada una de las rodillas, previa sobada con un algodoncito relleno de aceite para bebé. Procede a inocular las supuestas células madre en las articulaciones, extraídas de un frasquito de Gerber que saca de su refrigerador viejo, oculto tras las cortinas del consultorio.

El paciente sale agradecido con el doctor, por tres motivos básicos: primero, no duele; segundo, no cobra mucho y; tercero, es por una situación de salud imprescindible para ser un mejor ser humano.

El hijo de mi comadre Charito ya saca puros dieces y alguno que otro nueve. Mi Eulalito ahora anda todo avispado, me ayuda a lavar la ropa, es una bala con las chicas y nunca falla con su ayuda al puestecito. Amén que ya consiguió un buen trabajo en las mañanas de jardinero. Sí, mi hijo es un triunfador.

Gente mal informada y envidiosa, así como unas reporteras gráficas y de radio que han venido al pueblo a hacer reportajes, nos han dicho que se ha descubierto que bandas bien organizadas de traficantes de puerquitos han hecho pasar a estos por delfines en los alrededores de la región. Se dice que los doctores que aplican las vacunas con células madre de delfines, para hacer a la gente más inteligentes, que por la zona son sólo tres, y cada uno separado del otro por unos sesenta kilómetros, han estado aplicando desde el inicio de sus tratamientos células madre pero de cerditos cola-rosa; especie muy apreciada en el norte del país por su carne rosada y suave.

Los doctores que se han dedicado a este método nunca han tenido ninguna reclamación en los tres años que llevan de dar consulta.


Hace algunas semanas para acá he notado raro al pequeño Cicerón y a mi Eulalio cuarentón. Ayer por la tarde los vi retozando en el lodo y jugando tan contentos que no me atreví a molestarlos.

Yo creo que algo anda mal.


Ayer que le pregunté a mi hijito qué quería de desayunar me contestó "¿oinc?". Saliendo de mi casa, buscando a un doctor para que lo viera, me encontré con Cicerón. Lo saludé y  vi con asombro cómo me movió con frenesí su colita rosa retorcida.



laj


domingo, 20 de diciembre de 2009

Tiempos de Hoy

Dejé de creer en Santa Claus desde esa extraña noche navideña donde vi lo que a continuación les contaré.

Mis papás me habían dicho infinidad de veces que Santa no dejaba regalos en el árbol de Navidad.si los niños no estaban dormidos. Mi hermano y yo sabìamos esa advertencia desde que teníamos uso de razón.

Esa Navidad quisimos quedarnos toda la noche despiertos. Tomamos café como demonios desde medio día del 24. Cuando llegó la hora de que mamá y papá nos arroparan y nos taparan amorosamente en nuestras respectivas camas, fingimos dormirnos de inmediato. Esperamos a que no se oyera ruido y bajamos pecho tierra a parapetarnos atrás del sillón. Mi hermano menor preparó unas deliciosas quesadillas con epazote y unos frijolitos de la olla, divinos.

Como a las tres de la mañana y después de comer las kekas y acabarnos todo el café de la casa, se escucharon unos ruidos en la ventana que daba al lado sur de la casa. Entró el mismísimo Santa Claus y dos de sus duendes, así como dos renos de buen tamaño. Mi hermano sudaba y tenía una maravillosa mirada de felicidad que me hizo reflejarme en él. Nos abrazamos de felicidad. Fue algo inexplicable que nos unió más como familia.

Santa dirigió la obra y los duendes se movieron con gran rapidez y salieron por la ventana, así como uno de los renos. Ahí estaban nuestros muñecos que le habíamos pedido. Una autopista y una pistola que aventaba cascaritas de papa, así como un carrito de pedales. ¡Cuánta felicidad!

Lo que nos hizo decidir el dejar de creer en él fue lo que sucedió a continuación.

Con cierto cansancio se secó la frente con el dorso de su mano derecha. Mi hermano y yo no nos movíamos de nuestro escondite. Seguíamos extasiados viendo algo tan mágico. Alguien que había dividido las creencias del mundo estaba ante nuestros ojos de tiernos niños. El reno que andaba por ahí no dejaba de verlo. Raro. Escena extraña. Bizarra. Santa tomó las dos patas delanteras del animal y con suavidad las levantó y se fundieron en un abrazo algo más que amistoso. No era fraternal, como ese abrazo que minutos antes nos habíamos dado mi hermano y yo. Era como una mezcla de ternura y suavidad. Lo que no me dejó lugar a dudas fue el beso que se dieron en la boca inmediatamente después. El reno era macho. Lo notamos.

Nos quedamos petrificados. Un gesto de confusión nos provocó la escena. Así estuvieron como cinco minutos, manifestando sus sentimientos y emociones, uno en la boca del otro.

Cuando se cansaron Santa bajó al reno y le dio una nalgadita para que se fuera con los demás renos y los duendes al trineo. Después de acomodarse su gorra y limpiarse la boca, y de un largo suspiro, se salió por la ventana. siguiendo a su amor.

Mi hermano y yo soltamos el llanto. Un dolor de niños que sólo quien ha vivido un momento como este puede entender. Mi papá y mamá bajaron despacio las escaleras muy juntos, como conmovidos porque creían que llorábamos de felicidad. Se solazaban viéndonos. Esos regalos recuerdo que los usamos muy poco y los que pudimos los descompusimos o rompimos.

Desde esa fea noche no creo en Santa, ni mi hermano. Eramos muy pequeños para comprender, pero decidimos ponernos a trabajar para poder comprarnos nuestros regalos las navidades siguientes. Yo tenía diecisiete años y él dieciséis.



laj









 

sábado, 19 de diciembre de 2009

Nubes en el Aire

Acababa de dar una conferencia sobre "el universo en expansión y sus consecuencias en el cambio climático", en una de las universidades más renombradas de la ciudad a la que me invitaron, cuando noté que alguien en el público se levantó, pidió el micrófono y enojadísimo me reclamó:

--¡Oiga usted, señor! ¿Por qué nos viene a engañar si yo a usted lo conozco y sé que es un empleado en una panadería? ¿De cuándo acá se ha convertido usted en persona importante? ¡Ibamos a la primaria juntos con la maestra Amparito y a usted le decíamos el Trompas!. ¿O ya no te acuerdas, Trompas?

--¡Es verdad, seudocientífico!. ¡Porque lo que dijo aquí hoy durante tres horas no tiene ni pies ni cabeza!
Secundó otro.

--Además, se viste usted muy mal, me fulminó uno más.

Nunca nadie me avisó que la universidad a la que fui a dar esta plática tiene un área muy grande de estudio de pacientes psiquiátricos. Siempre me embebo tanto en lo que explico que difícilmente volteo a ver al auditorio que me favorece con su atención y no alcanzo a distinguir a los presentes. Miro pero no observo.

De inmediato, al ver que me podían meter en problemas los asistentes al auditorio con preguntas incómodas e incoherentes, me levanté, recogí mi laptop, mi carpeta de apuntes, di las gracias a los profesores que tuvieron a bien invitarme y salí manejando mi auto rápidamente de ahí.

Aún alcancé a llegar a mi casa a tiempo para cambiarme de ropa.

Mi patrón, Jordi, de la panadería La Fantasía, es muy estricto conmigo y luego me regaña si llego tarde.



laj

jueves, 17 de diciembre de 2009

Malinchismo

Justo la noche del 24 me desplacé al pie del árbol de Navidad que queda al ladito de la chimenea. Con cuidado paternal dejé las cajas de regalos que mis hijos le habían pedido a Santa. Como todos sabíamos que Santa Claus no existía,o eso creía, el rito anual era emocionante. En el frío de la noche bajaba las escaleras de caracol de la casa y arreglaba las cajas de tal manera que lo primero que vieran mis retoños en la mañana, al despertar, fuera eso: sus juguetes que habían pedido y que esperaban con tanta ilusión.

Al estarme retirando para volver a dormir escuché un ruido violento en el techo de la casa que cesó rápidamente. Unos segundos después oí un deslizamiento de mucho polvo por la mismísima chimenea. Con gran miedo me refugié detrás del árbol y sus foquitos de colores. ¡Zas! ¡Que cae de sentón el mismísimo Papá Noel! Sin hacer tanto barullo, que fue algo que me sorprendió, se levantó, se sacudió el polvo, se acomodó los anteojos sobre su nariz y tenía esa piel rojiza con que lo caracterizan los cuentos, novelas y descripciones históricas. Las barbas blancas, su uniforme y sus botas eran tal cual.

Se me quedó viendo y con suavidad me extendió una barra de chocolate con el idioma inglés en su envoltura.
-- Con permisito, me dijo, con un poco de acento y sacó de su costal regalos infinitamente más bonitos y caros que los que yo les había conseguido a mis vástagos. Todo estaba en inglés.

Con un leve saludo tomándose la gorrita roja con blanco con el índice y pulgar de la mano derecha, gateó hasta la entrada de la chimenea y se introdujo a la misma nuevamente, saliendo de mi casa por ahí.

Me asomé por la ventana y ahí iba jalando las cuerdas del trineo con alegría única. Sus ocho renos corrían sobre el aire. Todo era de una estética y de una paz sin igual. Los regalos  nacionales que ya había puesto en el árbol los tuve que quitar y regalarlos a un orfanatorio al día siguiente.

Me dio tristeza saber que Santa había conseguido cosas mejores que las que yo pude comprar. Pero más coraje me dio saber que Santa prefiere comprar todos sus regalos en Estados Unidos.




laj